La distribución del cine africano centra el VII foro ‘El árbol de las palabras’

La distribución del cine africano centra el VII foro ‘El árbol de las palabras’

“Las películas africanas han tenido muy pocos vendedores internacionales, al contrario de lo que ocurre con la música africana”, ha sentenciado en el FCAT la experta productora Rosa Bosch

Tarifa, 1 de mayo de 2019. El VII foro de formación El árbol de las palabras, ha comenzado esta mañana en el Casino tarifeño en el marco del FCAT.  Este año, la actividad consiste en dos jornadas de formación, debate y capacitación de cineastas africanos y de la diáspora en la difusión y distribución del cine africano en un mercado global. Como cada año, esta edición del Árbol de las Palabras se enmarca en el Programa ACERCA de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo, AECID.

El foro ha sido presentado por la directora del festival, Mane Cisneros, y el gestor cultural e investigador, Federico Olivieri; y en él han intervenido June Givanni,programadora y archivista; Berni Goldblat, cineasta, distribuidor y gestor de salas; y Rosa Bosch, experta en producción cinematográfica y cultural.

La primera ponencia ha tratado la contextualización de los Cines de África en un mercado global; mientras que en la segunda mesa se ha debatido sobre el acceso de las obras cinematográficas africanas y de la diáspora a la difusión cultural en Europa. Finalmente, la actividad ha concluido con un debate sobre la circulación de obras africanas en sus mercados internos: “el África del cine off-line y on-line”.

En el acto se han señalado diversas problemáticas de la distribución de cine africano. Goldblat ha señalado que “es casi imposible hacer películas en wolof o en otras lenguas africanas en el África francófona por imposición de algunos coproductores mientras que es evidente que los actores actúan mucho mejor en su lengua materna que en la colonial”, mientras que para Rosa Bosch el problema viene directamente de los vendedores: “las películas africanas han tenido muy pocos vendedores internacionales, al contrario de lo que ocurre con la música africana”. El cualquier caso, la industria del cine africano está avanzando y abriéndose a nuevos mercados y circuitos. “Tengo mucha confianza en lo que están haciendo los jóvenes porque están evitando los circuitos tradicionales”, ha afirmado la programadora June Givanni.

Uno de los principales problemas a los que deben enfrentarse los cineastas africanos y el cine africano en general para su crecimiento es la distribución, tanto en el propio continente como en el exterior. A pesar de que son muchas las películas que se producen cada año en África, éstas siguen teniendo una exhibición muy limitada, aislada en muchos casos en los circuitos especializados de los festivales o muestras temáticas.

Como cada día, el EcoCenter ha acogido los aperitivos de cine del FCAT. Donde hoy han participado los directores Aïcha Boro (El lobo de oro de Balolé), Mohamed El Khatib (Renault 12) y Bouslama Chamakh (El florista). En este coloquio moderado por el crítico Pablo de María, ha surgido el debate sobre la función política del cine y el cine como herramienta para poner sobre la mesa las realidades más escondidas.

Aïcha Boro es la directora de El lobo de oro de Balolé, una película sobre la vida en una cantera de granito en Burkina Faso. Para ella todo el cine es político: “en el momento en que sale una película, esta produce un impacto en la gente, porque todo el cine influye en las personas que lo ven”. Esta visión no es compartida por Mohamed El Khatib, director de Renault 12, un documental sobre la cuestión de la muerte de la madre del propio director. El Khatib opina que “si una obra de arte no cuestiona lo establecido, no aporta nada”, y entiende el cine político como una forma de lavar las conciencias de los propios cineastas. Por último, Bouslama Chamakh, director del cortometraje El florista, ha explicado que para él “el sentido mismo de la creación artística es deshacerse de los estereotipos y las formas tradicionales”. A través de este debate se han puesto en común tres películas sobre diferentes realidades pero que, al mismo tiempo, plantean cuestiones globales.

De estas tres películas, se ha proyectado hoy Renault 12 en la iglesia de Santa María. Otras películas en competición que se han proyectado esta tarde en el FCAT han sido Hijo mío Jartum fuera de juego.

Hijo Mío se ha proyectado en el Teatro Alameda, donde el actor Mohamed Dehrif ha podido conversar con los espectadores al finalizar la proyección. Hijo mío cuenta la historia de Riadh, un  operario de carretilla elevadora en el puerto de Túnez a punto de jubilarse. Él y su esposa Nazli viven para Sami, el único hijo de ambos, que está a punto de acabar el instituto. Las migrañas habituales del adolescente preocupan a los padres, pero cuando parece estar mejorando, desaparece de golpe. Esta película se estrenó en Cannes en la quincena de los realizadores y es la segunda película de Mohammed Ben Attia, director galardonado con el premio especial del jurado en la Berlinale por su película Heldi.

Por su parte, Jartum, fuera de juego ha sido presentada por su directora Marwa Zein en la Iglesia de Santa María. Se trata de la ópera prima de la cineasta, y fue estrenada en la Berlinale de 2019. Esta película acaba se ha proyectado recientemente en el festival de documentales Hot Docs de Toronto, y empieza su carrera de festivales siendo una de las pocas películas realizadas en Sudán. Al igual que Los campos de la libertad, que se proyectó por primera vez en el FCAT el pasado sábado, Jartum, fuera de juego habla de la afirmación de los derechos de la mujer a través del fútbol. A pesar de la prohibición impuesta por el gobierno militar islámico del país, un grupo de mujeres jóvenes excepcionales de Jartum están decididas a jugar a fútbol profesional. En su combate para ser reconocidas como el equipo femenino nacional de Sudán, ignoran el miedo, y demuestran valor y una tremenda tenacidad. A pesar de que la Federación Nacional recibe fondos de la FIFA destinados a equipos femeninos, ellas siguen marginadas. Sin embargo, se enciende una pequeña luz de esperanza cuando las elecciones en el seno de la Federación quizá den pie a un cambio en el sistema.

Y fuera de concurso han empezado hoy en el colegio Guzmán el Bueno las proyecciones de La tercera raíz. Dos películas colombianas han abierto esta sección dedicada a los afrodescendientes de la diáspora latinoamericana.

Por un lado, Keyla es la historia de una familia rota que se reúne por la desaparición de uno de sus miembros. Cuenta la historia de una adolescente que vive en Providencia, una pequeña isla del Caribe colombiano donde habita una comunidad descendiente de africanos, españoles y piratas ingleses. Un día, su padre sale a pescar, pero no regresa. Mientras lo busca, Keyla recibe una visita inesperada: la exmujer del padre viene desde España con su medio hermano, y la chica se ve forzada a recibirlos.

Por su parte, Siembra trata el tema del narcotráfico en Colombia a través de la historia de Turco, un pescador de la costa pacífica colombiana que vive en Cali. Turco añora regresar a la tierra que abandonó hace tres años con su hijo Yosner a causa del conflicto armado. Vive en la ciudad atrapado por un sentimiento de desarraigo mientras su hijo encuentra un posible futuro. La ilusión del padre por regresar se rompe con la muerte del hijo. Turco se ve enfrentado al dolor y a la impotencia ante ese cuerpo inerte que se ha convertido en un obstáculo más para volver a su tierra. Está de duelo y tiene que encontrar un sitio para enterrar a su hijo. En una ciudad que no es la suya, tiene que echar raíces.

En cuanto a la retrospectiva Historias afroamericanas, destaca la película Hijas del polvo, realizada por Julie Dash, una de las cineastas más importantes del grupo L.A. Rebellion. En esta película la acción se sitúa a principios del siglo XX. Las Sea Islands de Carolina del Sur siguen siendo el hogar de los gullah, esclavos procedentes de África Occidental que han conservado numerosas tradiciones de sus antepasados yoruba. Una familia gullah compuesta por tres generaciones lucha para salvar sus tradiciones y folclore cuando está a punto de dejar la isla para siempre y trasladarse al continente.

El broche final de la jornada ha sido el concierto Juno & Darrel que han revolucionado el mercado de abastos de Tarifa. Este dúo de compositores fundado en Madrid, de influencias

africana y afroestadounidense, se identifica con el concepto contemporáneo de la espiritualidad, mezclando sonidos electrónicos de raíz afro, sintetizadores y elementos orgánicos con un resultado único. La fusión de soul, afrobeat, hip hop o jazz de Juno & Darrell se ha escuchado en festivales internacionales como ImaginaFunk, Slap! Festival, Madrid Es Negro, Eat My Soul o Monkey Week y han sido presentados en espacios como el Museo Thyssen.

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