A carcajadas

Desde hace varios años, parte del público del FCAT, a pesar de elogiar la calidad de la programación, ha subrayado el carácter a menudo muy duro de las películas. Se suele asociar los cines de África a temáticas sociales tratadas con un tono muy serio y es cierto que el drama ocupa un lugar preponderante en las cinematografías africanas. Sin embargo, existen comedias y películas con las que reírse incluso a carcajadas. 

Por esta razón, El FCAT ha concebido “A carcajadas”, un ciclo de 10 títulos – diez cortos y diez largos – repartidos en cinco sesiones temáticas, que ilustran distintas vertientes del humor en los cines africanos. Aunque no todas las películas son comedias, todas incluyen recursos humorísticos originales utilizados o inventados por sus directores para narrar sus historias. Tanto a través del lenguaje, como de lo absurdo, la repetición, la elección de personajes burlescos, tanto en la ficción como en el “cine de lo real”, el humor sirve de contrapunto a lo trágico de la vida. 

COMEDIA ROMÁNTICA Y COMEDIA DRAMÁTICA 

MACADAM TRIBU

IL PLEUT SUR OUAGA

EL HUMOR POÉTICO DE DJIBRIL DIO MAMBÉTY 

HYÈNES

LE FRANC

JUEGOS DE PALABRAS

AYA DE YOPOUGON

VISA, LA DICTÉE

LA REALIDAD TRAGI-CÓMICA

TABASKI

TALKING ABOUT TREES

LAS CREENCIAS Y LO BURLESCO

A JAMAÂ

LES PASTÈQUES DU CHEIKI

No obstante, crean

Desde hace ya varios años, el FCAT ha abierto una ventana para los cineastas españoles que posan su mirada en las realidades del continente africano. Aunque sus producciones presentan una gran variedad temática y geográfica, las películas centradas en Guinea Ecuatorial son cada vez más numerosas. No podemos dejar de celebrar este interés creciente. Por un lado, porque es urgente arrojar luz sobre un episodio histórico casi olvidado – el pasado colonialista de España en África subsahariana – y, por otro, porque se trata de una realidad contemporánea casi ignorada – el abandono y aislamiento de una sociedad bajo el yugo de una de las dictaduras más longevas y duras del mundo. 

En ocasión de esta edición especial 2020, hemos elegido mostrar bajo el lema “No obstante, ellos crean”, dos películas españolas que desvelan las realidades políticas de Guinea Ecuatorial, así como realidades sociales, culturales y artísticas tan desconocidas en España. Dos retratos de artistas ecuatoguineanos, que en nombre de la libertad de expresión y desafiando el régimen totalitario de su país, nunca dejaron de crear. El escritor de un país sin librerías ofrece un retrato de Juan Tomás de Ávila Laurel, una de las voces más críticas y menos invisibles con la dictadura de Obiang. A través de la mirada del autor del libro epónimo, el documental denuncia el contraste entre el nivel de vida de la familia del dirigente multimillonario y la situación del resto de la población que a menudo no tiene acceso ni al agua potable. 

Manoliño Nguema es un retrato entrañable del actor, circense y escritor Marcelo Ndong, y al mismo tiempo una historia de inmigración positiva. El metraje recorre todas las experiencias vitales de este artista nacido en Guinea Ecuatorial y formado en Galicia, quien, después de haber inundado de su extraordinaria energía y fantasía los escenarios del mundo entero, decide volver a su país natal y transmitir y compartir todo lo que ha aprendido fuera. 

PELÍCULAS

MANOLIÑO NGUEMA

EL ESCRITOR DE UN PAÍS SIN LIBRERÍAS

Visiones anticoloniales

Este año se celebra el simbólico 60 aniversario de la independencia de muchos países africanos. Y con él, llega el momento de revisar la historia reciente del continente y reconocer la importancia del acto de recordar, ya que el pasado reciente de África está muy estrechamente vinculado al de Europa. Para comprender los movimientos de independencia y las principales ideas de los grandes líderes políticos e ideológicos de estos movimientos, es fundamental volver a los hechos, historias y discursos que la colonización impuso en todo el continente. La descolonización de la memoria requiere detenernos juntos para reflexionar, sin visiones dicotómicas preestablecidas, sobre este pasado común, violento y doloroso, para que se puedan llevar a cabo las debidas reparaciones. 

En 2010, con ocasión del 50 aniversario de las independencias africanas, el FCAT organizó un gran seminario y una gran retrospectiva cinematográfica para reflexionar y debatir sobre las cuestiones de la colonización, la descolonización y el proceso de independencia. Lamentablemente, las circunstancias actuales no nos permiten ofrecer un evento de esta magnitud. No obstante, la programación de esta edición ofrece una selección de cuatro películas, antiguas y recientes, de una gran variedad de géneros, que retratan a figuras y repasan episodios de la colonización y la descolonización. 

Es necesario, en este contexto, rendir homenaje a la pionera Sarah Maldoror, fallecida en abril de 2020 por causa del COVID-19. Maldoror fue la narradora por excelencia del movimiento de la negritud, aquel movimiento intelectual y artístico promovido por A. Césaire, L. Senghor y L. G. Damas. Con su cámara, acompañó fielmente todos los procesos de descolonización en África. Gran defensora de la libertad, Maldoror desarrolló un lenguaje propio que combina un fuerte compromiso político y una sensibilidad hacia todas las artes, especialmente la pintura, la música y la poesía. El cortometraje Monangambée (1971) está basado en una novela del escritor angoleño José Luandino Vieira y está interpretado por actores no profesionales en Argelia. Es una película sobre la tortura y, más ampliamente, sobre la incomprensión entre los colonizados y los colonizadores. La banda sonora que el Art Ensemble of Chicago produjo y regaló a Sarah Maldoror, en solidaridad con el pueblo angoleño oprimido, confiere al cortometraje una dimensión de himno.   

El programa continúa con A Story from Africa (Una historia desde África), del cineasta afroamericano Billy Woodberry, una de las principales figuras del grupo L.A. Rebellion. La película da vida al archivo fotográfico de Velloso de Castro, fotógrafo contratado por el ejército portugués para documentar la conquista de la región de Cuatama, en el sur de Angola, en 1907, después de que las potencias coloniales europeas se dividieran los territorios africanos en la Conferencia de Berlín de 1885. Dando vida a la trágica historia del jefe de la aldea de Calipalula que, sin saberlo, sirvió al enemigo, Woodberry intenta, en su documental, evitar los atajos en la interpretación de la historia y restablecer su complejidad. 

El cortometraje de animación Mangi Méli Remains, también evoca la vida de un jefe africano, el que Méli perdió mientras resistía la colonización alemana en Tanzania. El cineasta Konradin Kunze evoca la idea de que el proceso de reparación y pacificación de la historia implica también la necesidad de devolver los bienes saqueados: en este caso y entre muchos otros, el cráneo del jefe Méli, llevado a Europa como objeto de estudio científico y nunca devuelto a sus descendientes. 

En Sankara n’est pas mort, Lucie Viver rinde homenaje al dirigente político de Burkina Faso, asesinado en 1987, a través de los ojos de un poeta burkinés. Después de haber vivido las revueltas de 2014 contra Blaise Compaoré -el presidente en el poder y asesino de Sankara-, el poeta decide explorar su país y descubrir su patrimonio, siguiendo la única línea de ferrocarril del país. Esta película, concebida como una especie de “road-movie”, repasa las ideas y proyectos de Sankara, el líder que marcó todo un continente: la lucha antiimperialista, el logro de la independencia económica mediante el desarrollo de la producción nacional de bienes manufacturados, y la mejora de los servicios públicos, incluyendo la educación y la salud, la ecología y el feminismo.  

PELÍCULAS

A STORY FROM AFRICA

MANGI MELI REMAINS

SANKARA N’EST PAS MORT

MONANGAMBÉE

La próxima vez, los fuegos

La pandemia de COVID-19 y sus consecuencias han acaparado toda la atención de los medios de comunicación y han ensombrecido prácticamente todas las noticias del mundo. 

Sin embargo, un acontecimiento importante ha logrado sacar del letargo a la población mundial, desviando nuestra atención del número de víctimas del coronavirus, del confinamiento y del desempleo: el asesinato de George Floyd, un padre afroamericano de 46 años que murió asfixiado mientras repetía en vano «no puedo respirar», bajo el peso de un policía que le apretaba el cuello con su rodilla… 

Desde entonces, todos hemos visto, en cientos de fotografías y vídeos, letreros y pancartas con frases como I can’t breathe («No puedo respirar») o No justice, no peace («Sin justicia, no hay paz») que simbolizan la furia de los estadounidenses negros ante la violencia mortal de la policía contra sus comunidades. Ni siquiera una pandemia ha podido silenciar el grito de Black lives matter («Las vidas de los negros importan») – ¡sí! las vidas de los negros importan. Y seguimos viendo multitudes de personas de todas las razas salir a la calle con mascarillas, demostrando que están más indignadas por la perpetuación de estos actos infames, injustos, criminales y racistas, que asustadas por un contagio potencialmente mortal. En un momento en que los valores democráticos están siendo cuestionados por las medidas restrictivas adoptadas por los gobiernos para frenar la epidemia, un clamor popular y espontáneo resuena en los cuatro rincones del mundo pidiendo sociedades más justas, igualitarias y libres. 

Fue conmovedor. Conmovedor e inquietante. Provocó rabia, porque en el siglo XXI, parece que nada ha cambiado. Casi sesenta años después de la muerte de Malcolm X, el Ku Klux Klan aún no ha sido completamente desmantelado y perpetúa las masacres. Han pasado casi sesenta años desde que Martin Luther King pronunció el discurso por el que perdió la vida, sin embargo, éste sigue siendo un sueño. Casi sesenta años después de su publicación, el libro de James Baldwin The Fire Next Time (“La próxima vez el fuego” adquiere una dimensión profética: ciudades en llamas y una fractura social irreparable ante el creciente odio hacia los negros. Los Estados Unidos tienen una historia singular, desde la esclavitud y la segregación. Pero la colonización es obra de Europa, y el racismo y el resurgimiento del desprecio hacia el hombre negro no es sólo obra de los americanos, sino una realidad presente en la gran mayoría de las sociedades occidentales. 

El FCAT no podía dejar de retomar este hecho de actualidad y ofrecer un espacio para el debate y la reflexión sobre los acontecimientos que aún continúan, aunque las vacaciones del verano y la segunda ola del virus hayan contribuido a silenciar estas voces que aún retumban. Por ello, ofrecemos una selección de películas que toman como punto de partida y referencia histórica el documental de Raoul Peck I Am Not Your Negro (“No soy tu negro”), que traza la lucha de los negros americanos por los derechos civiles a partir de un texto inédito de James Baldwin, Remember This House (“Recuerda esta casa”), que tiene lugar en la época de los asesinatos de Medgar Evers, Martin Luther King y Malcolm X, entre otros. En esta sección, también proponemos películas contemporáneas de diferentes orígenes geográficos, pero que tienen en común destacar la violencia que la supremacía blanca ejerce, en diferentes formas, sobre las comunidades negras y el poder que ejerce sobre las poblaciones desfavorecidas. En Auto de Resistencia, Natasha Neri y Lula Carvalho denuncian la ausencia de justicia por parte del Estado frente a la violencia policial en las favelas de Río de Janeiro. Les Misérables, obra aclamada en Cannes en 2019, es un testimonio de las tensiones sociales y raciales en los suburbios marginalizados de París, abandonados por el Estado. Idrissa y Paris Stalingrad, con el estilo propio de sus respectivos autores, revelan el tratamiento que los estados modernos -en este caso España y Francia- reservan a los migrantes: controles, evacuaciones, aislamiento, hacinamiento, negación de una vida y de una muerte digna. En otras palabras, la negación trivializada de su humanidad. 

«Sólo seremos libres cuando los demás lo sean», escribió Baldwin en su libro. Así que es hora de que nosotros – los otros – nos liberemos. Y mientras tanto, les queda el fuego… 

PELÍCULAS

AUTO DE RESISTÊNCIA

I AM NOT YOUR NEGRO

IDRISSA, CRÓNICA D’UNA MORT CUALSEVOL

LES MISÉRABLES

PARIS STALINGRAD

La tercera raíz

Desde siempre, el FCAT, al ser un festival de cine africano en España, y durante muchos años, único en su género, ha sido consciente de su especificidad geográfica y por lo tanto, del papel de puente cultural entre África y las comunidades afro-descendientes de la América hispánica que puede asumir. Al crear y alimentar cada año un fondo fílmico de películas africanas subtituladas en español, el festival ofrece una posibilidad de difusión en un territorio inmenso. También permite a los afrolatinos reconectar con sus culturas e identidades de origen, con un pasado que les ha sido confiscado, y con una tierra de la cual sus antepasados han sido desarraigados. Además, el FCAT representa una plataforma ideal para dar a conocer las realidades tan desconocidas de estas comunidades afrodescendientes de América latina.  

La población afrodescendiente representa un cuarto de la población de América del Sur. Sin embargo, se trata de la minoría más invisibilizada. Si es cierto que todos los afrodescendientes viven en condiciones distintas según los países, todos comparten una historia común de exclusión y discriminación. Por otro lado, la visión existente sobre la población afrodescendiente por el resto de la población latinoamericana sigue pasando la mayoría del tiempo por el prisma de los estereotipos y el racismo, y la vincula sistemáticamente a su condición de descendientes de esclavos africanos. A modo de ejemplo, el famoso discurso del mestizaje de los años 20 en México promovió la aceptación sin conflicto de la herencia hispana y con orgullo de la matriz indígena, pero apartó por completo a la “tercera raíz”, es decir, a la raíz africana de su cultura mestiza. 

El creciente reconocimiento de los afrodescendientes se ha logrado gracias a la lucha de sus organizaciones líderes. Una de las primeras señales de cambio fue la progresiva inclusión de variables etno-raciales en las estadísticas nacionales. Otro hito importante ha sido el hecho de que algunos países han adoptado una gran variedad de políticas de acción afirmativa, como las cuotas de discriminación positiva en el mercado laboral y en instituciones educativas.

Para continuar en esta dirección, es necesario abordar los estereotipos y las creencias que impulsan la exclusión de los afrodescendientes, dándoles voz directa y espacio para el (re)conocimiento y la valoración de su patrimonio cultural e identitario. El cine, como cualquier otra expresión artística, es una de las herramientas de visibilidad de esta población y de su cultura.

Las películas que llevan a la pantalla personajes afrodescendientes, representados en sus realidades cotidianas, son sin duda alguna cada vez más numerosas. Sin embargo, es difícil hablar de cine afrolatino. Salvo tal vez en Brasil, las obras realizadas por cineastas afrodescendientes siguen siendo escasas y aisladas. Esta producción es incluso casi inexistente en ciertos países. Existen obras de carácter etnográfico, realizadas, producidas y protagonizadas por las propias comunidades negras – como en San Basilio de Palenque en Colombia, por ejemplo – y destinada a un público local. Pero las películas más difundidas y reconocidas a nivel internacional sobre la diáspora africana en América latina pocas veces son dirigidas por cineastas afrodescendientes, sino más bien por cineastas blancos que fomentan el respeto hacia las poblaciones negras. 

El propósito de esta sección, que hemos titulado «La tercera raíz», es mostrar precisamente aquellas películas latinoamericanas que reflejan sobre todo la búsqueda de calidad artística y un lenguaje original por parte de sus autores, pero que también contribuyen, de forma más o menos voluntaria, a restituir una imagen de los afrodescendientes de América Latina. Este año, en esta sección, presentamos tres obras seleccionadas y premiadas en múltiples festivales internacionales. En Perro Bomba, el director chileno Juan Cáceres actúa como defensor comprometido de la causa de una comunidad negra víctima del racismo en su país: la de los inmigrantes haitianos. Por otro lado, en su documental La Arrancada, el brasileño Matías Aldemar elige la intimidad de una familia para evocar el contexto político de Cuba. El hecho de que esta familia sea afrodescendiente no es el tema de la película, y eso es lo interesante: es un hecho, es una familia como cualquier otra. La película de Sofía Quirós Ceniza Negra, se rueda en la provincia de Limón, en la costa caribeña de Costa Rica, un lugar lleno de exuberantes paisajes, donde se mezclan las herencias afrodescendiente, china e indígena. La singularidad del espacio donde conviven los vivos y los muertos, lo natural y lo sobrenatural, queda reflejada en este relato íntimo de una adolescente que aprende a superar el dolor de un ser querido.

PELÍCULAS

CENIZA NEGRA

LA ARRANCADA

PERRO BOMBA